martes, 17 de abril de 2018

Residencia artística Vermont Studio Center (Mayo, Junio y Julio de 2017)



Instalación "Weeble wobbles", 2017.



Ciertas corrientes filosóficas a lo largo de la historia definen la capacidad de procrear de las mujeres como simple contenedor. Esta idea es fruto de una lógica binaria que distingue dos sexos, masculino y femenino como extremos opuestos de una jerarquía que sitúa a uno de los dos sexos sobre el otro. Esta ideología sesgada acerca del sexo femenino se acompaña de discursos que devalúan el papel de las mujeres, también en el caso de la concepción. Aristóteles, por ejemplo, sostenía que las mujeres eran meros recipientes para el semen masculino.
En el último año he estado investigando sobre el fenómeno de los vientres de alquiler, también conocido como "gestación subrogada". Para mí es evidente que esta práctica es explotación. El quid de la gestación subrogada es asegurar una legislación que permita borrar a la madre y que no quede ni rastro de ella en la biografía de la criatura una vez nacida. A la gente se le hace creer que en otros países la legislación es más permisiva que en el propio país con el objetivo de que recurran a madres de países lo suficientemente remotos. En Estados Unidos a menudo recurren a vientres de alquiler en España porque aseguran que este "es un país mucho más permisivo en cuanto a la legislación de la gestación subrogada se refiere". Aquí en cambio se nos dice que Estados Unidos es más permisivo, así las empresas consiguen efectuar un entrecruzamiento internacional que asegura el alejamiento entre madre y criatura. Tras el parto, la madre que ha sostenido a la criatura es fácilmente borrada y convertida en un residuo desechable del proceso de fabricación de ese bien tan preciado que es el bebé, por el que de hecho se paga un precio muy elevado. Según Kajsa Ekis Ekman en un artículo publicado en The Guardian en febrero de 2016, si ningún país permite la venta de seres humanos, entonces ¿por qué la maternidad subrogada sigue siendo legal? Incluso cuando es 'altruista', sigue habiendo un alto precio que pagar.

Desde que comenzó la industria de la subrogación comercial, a fines de la década de 1970,  ésta ha estado rodeada de escándalos, explotación y abusos, desde el infame caso "Baby M" en el que la madre cambió de opinión y fue obligada a entregar a su bebé, al caso del multimillonario japonés que encargó 16 bebés en diferentes clínicas tailandesas. Elegir raza, color de ojos… y luego pagar para conseguir una criatura es una mercantilización total de la vida humana. Hay un caso reciente de una madre sustituta estadounidense que murió y otro caso de unos "padres de intención" que se negaron a aceptar a un niño discapacitado e intentaron hacer abortar a la madre, por no hablar de las fábricas de bebés en Asia.

A principios de febrero 2016 
activistas feministas y de derechos humanos de todo el mundo se reunieron en París para firmar una carta contra la maternidad de alquiler y el Parlamento Europeo también ha pedido a los estados de la unión que la prohíban. Los principales detractores de esta prohibición suelen ser los llamados "padres de intención", quienes argumentan que si una mujer quiere hacer de madre sustituta es un error prohibírselo. Sin embargo, es bastante revelador que sean pocas las mujeres que echan de menos esa oportunidad. Al fin y al cabo, es la demanda la que alimenta esta industria: un mercado amañado que termina en unos vientres de alquiler reales.
La subrogación ha estado rodeada por un aura de felicidad al estilo Elton John con sus preciosos recién nacidos y su idea de familia moderna de anuncio, pero detrás de esa imagen hay una industria que compra-venta de vidas humanas donde los bebés se encargan a medida para adaptarse a los deseos de los ricos del mundo, y donde la madre no es nada (se le priva incluso del derecho a ser llamada "mamá") y el cliente lo es todo. 


Occidente ha comenzado a externalizar la reproducción a las naciones más pobres, de la misma forma que anteriormente subcontrató la producción industrial. Es sorprendente ver cuán rápido se puede ignorar por completo la convención de la ONU sobre los derechos del niño. Ningún país permite la venta de seres humanos, sin embargo a nadie parece importarle siempre y cuando se nos muestren bonitas imágenes de gente famosa con sus recién nacidos.
Para defender la subrogación de acusaciones como esta, algunos mencionan la supuesta subrogación "altruista": "si no se le paga a la madre entonces no hay explotación…tal vez lo esté haciendo por generosidad, por una amiga, una hija o una hermana". La investigación refuta este argumento porque no hay pruebas de que la legalización de la subrogación "altruista" sirva para erradicar la comercialización. La experiencia internacional demuestra lo contrario: los ciudadanos de países como los EE. UU. o Gran Bretaña, donde la práctica de la subrogación está bastante generalizada, tienden a dominar entre los compradores extranjeros en India y Nepal. La investigación también dice que hay evidencia de que a las madres sustitutas se les paga bajo cuerda, como es el caso en Gran Bretaña. Asimismo la investigación pone de manifiesto que no se puede obligar a que una mujer renuncie a sus derechos a una criatura que ni siquiera ha visto, o que no ha conocido aún, porque eso en sí mismo ya denota una vulneración indebida de sus derechos.

Un bebé nunca debe convertirse en un "producto defectuoso" si la subrogación no sale según el plan. En cualquier caso, la noción de subrogación "altruista", además de ser una cortina de humo ya que en realidad apenas sucede, tiene un fundamento ideológico muy extraño, como si la explotación solo consistiera en dar dinero a la mujer. En ese caso, cuanto menos se le pague, menos será explotada. En realidad, la subrogación "altruista" significa que una mujer pasa por exactamente lo mismo que en una subrogación comercial, pero no obtiene nada a cambio. Es exigir que una mujer cargue a un niño durante nueve meses y luego lo regale. Una mujer que ha de cambiar sus hábitos y arriesgarse a la infertilidad, a una serie de problemas relacionados con el embarazo(1) e incluso a la muerte. Se le sigue utilizando como recipiente, aunque se diga que es una buena persona. Y lo único que obtiene es el halo de altruismo, que es un precio muy bajo por el esfuerzo realizado y solo puede ser atractivo en una sociedad donde las mujeres son valoradas por cuánto sacrifican y no por lo que logran.


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(1) anemia materna, hemorragia, diabetes, hipertensión, embolia, preclamsia, eclamsia, hiperestimulación hormonal, transferencia de múltiples embriones, realización sistemática de pruebas de amiocentesis, cesárea, falta de apoyo psicológico en el postparto...




 





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